Benidorm Fest 2026: Crónica de una transición brillante pero fría hacia la era post-Eurovisión

El Benidorm Fest 2026 ya es historia y, seamos sinceros, ha sido la edición de las «primeras veces» más extrañas. Por primera vez en cinco años, el micrófono de bronce (o nuestra querida Sirenita de Oro) no era un billete de avión hacia Eurovisión. Tras la retirada de España del certamen europeo, el festival del Levante se enfrentaba a su mayor reto: demostrar que puede sobrevivir como entidad propia.

¿El veredicto? Musicalmente sólido, técnicamente impecable, pero con un «pellizco» de frialdad que se ha notado en el sofá de casa.

El triunfo del «Hit» sobre el «Pack»

La victoria de Tony Grox y Lucycalys con su pegadizo ‘T Amaré’ es el síntoma perfecto de esta nueva era. Sin la presión de pensar en qué pensarán en Oslo o Dublín, el jurado y el público han votado con el corazón (y el oído) puesto en la radio fórmula nacional.

Es una canción redonda, comercial y con esa raíz flamenca que tanto nos gusta, que se impuso a propuestas que, en otros años, habrían sido carne de Eurovisión por su despliegue de efectos, como el afro-pop de Kenneth o la fuerza de Atyat (que se quedó injustamente en la semi). Ganó la canción que vamos a quemar en los chiringuitos este verano, y eso, para la industria española, es una victoria necesaria.

El «apagón» visual de Sergio Jaén

Técnicamente, RTVE ha tirado la casa por la ventana. El despliegue en el Palau d’Esports L’Illa ha sido de otro planeta, gracias en parte al fichaje estrella de Sergio Jaén. Sin embargo, aquí viene el «pero»: la sombra de su éxito en Eurovisión 2025 es alargada.

Hemos pasado de la explosión de color de años anteriores a una estética oscura, melancólica y cargada de blancos y negros. Aunque visualmente era cine puro —especialmente en el soberbio plano secuencia de Rosalinda Galán y su ‘Mataora’—, por momentos el festival se sintió demasiado frío para el horario de máxima audiencia. Menos «fiesta mediterránea» y más «drama nórdico».

El reto de 2027: Recuperar el «punch»

No nos vamos a engañar con los datos: perder casi un millón de espectadores respecto a 2025 duele. El 12.1% de share de la final es un liderazgo agridulce. Está claro que el morbo de Eurovisión era el pegamento que unía al público generalista frente a la pantalla.

¿Qué le pedimos a la edición de 2027?

  • Más riesgo en el cartel: RTVE debe ser capaz de atraer a nombres más potentes de la industria nacional (como ese Funambulista que se quedó fuera de la final inexplicablemente).
  • Identidad propia: Si el Benidorm Fest quiere ser el Sanremo español, necesita que ganar aquí sea un premio suficiente por sí mismo.
  • Ritmo televisivo: Menos sketches largos y más dinamismo entre actuaciones.

En definitiva, el Benidorm Fest 2026 ha sido un ejercicio de resistencia y calidad. Tenemos temazos, tenemos tecnología y tenemos ganas. Solo nos falta recuperar esa chispa que hacía que todo el país se detuviera para ver quién se llevaba la Sirenita a casa.