‘Avengers: Armageddon’: El Red Hulk de Zdarsky reclama el trono de hierro de Latveria

El Universo Marvel no gana para sustos. Si pensábamos que la caída de Víctor Von Muerte tras los eventos de One World Under Doom traería algo de calma, las solicits de junio de 2026 nos pegan un bofetón de realidad: el vacío de poder en Latveria tiene un nuevo y colosal pretendiente. Thaddeus «Thunderbolt» Ross, el Red Hulk, ha decidido que la mejor forma de asegurar la paz global es liderar una invasión militar sobre el país del Doctor Muerte, convirtiéndolo en su propio bastión personal. Bajo el título de ‘Avengers: Armageddon’, Marvel lanza una miniserie de cinco números que promete ser el auténtico punto de inflexión de esta temporada.

La premisa es dinamita pura: Ross, con su mentalidad de general de la vieja escuela y el poder de un Hulk, está fuera de control, provocando un derrumbe geopolítico que obliga a una reunión de emergencia de los Vengadores y los Cuatro Fantásticos. Pero no vienen solos. El guionista Chip Zdarsky, que ya nos voló la cabeza en Daredevil y está haciendo virguerías en Captain America, se alía con los artistas Delio Díaz y Frank Alpizar para explorar las consecuencias morales de detener a un «héroe» que cree estar haciendo lo correcto. La editorial ya avisa con su habitual grandilocuencia: habrá un Universo Marvel «pre» y «post» Armagedón, y viendo los antecedentes de Zdarsky con la política ficción, nos lo creemos.

Lo más interesante para el lector completista es que este incendio no se apaga solo en la serie principal. Junio también nos trae ‘Wolverine: Weapons of Armageddon’, una miniserie paralela donde Logan investiga un nuevo programa de supersoldados vinculado a la asonada de Ross en Latveria. Parece que Marvel quiere recuperar ese sabor a thriller conspiranoico que tan bien funcionó en los tiempos de la Civil War original. Entre el despliegue de portadas variantes (con joyas de Alex Ross y Jerome Opeña) y la promesa de una «transformación radical», queda claro que el general Ross ha dejado de ser un secundario de lujo para convertirse en el villano —o el salvador más peligroso— que nadie vio venir.