A veces, para encontrarse a uno mismo, hay que viajar al origen, aunque el origen sea una isla remota y el motivo sea un adiós. Tras deslumbrarnos con la intimidad de sus monólogos en piezas como La piedra oscura o En mitad de tanto fuego, el dramaturgo Alberto Conejero regresa al formato coral con ‘Tres noches en Ítaca’. No es solo teatro; es una autopsia emocional sobre los vínculos que nos atan y nos liberan.
Bajo la dirección de María Goiricelaya (cuya sensibilidad parece hecha de la misma materia que los sueños y los duelos), la Nave 10 de Matadero Madrid se transforma, hasta el 8 de marzo, en un refugio frente al mar Jónico donde el tiempo parece detenerse para que las verdades afloren.
Tres hermanas, tres mitos, una ausencia
La trama nos presenta a Ariadna, Penélope y Elena. Tres nombres que exudan el amor de su madre, Alicia —una apasionada profesora de griego—, por el mundo clásico. Tras su muerte, las tres hermanas se reúnen en la casa donde Alicia decidió exiliarse hace veinte años, abandonando su vida en España para buscar su propia plenitud.
- Ariadna (Marta Nieto): La científica de éxito, entregada a las estrellas pero incapaz de perdonar el abandono materno.
- Elena (Cecilia Freire): La actriz que navega entre la precariedad y el deseo de ser vista.
- Penélope (Amaia Lizarralde): Atrapada en la fidelidad autoimpuesta y la responsabilidad familiar.
Un «pasamanos» entre la risa y la tiniebla
Aunque Conejero nos tiene acostumbrados a la profundidad de la memoria, aquí se arriesga con la tragicomedia. Como él mismo explica, la risa aquí funciona como un «pasamanos para recorrer las tinieblas». Es una obra que muerde pero también consuela, donde lo sublime y lo ridículo se dan la mano, recordándonos que las batallas con la familia suelen ser, en realidad, batallas con nuestro propio reflejo.
«¿Qué vocación hace que la vida te estorbe?» — Una pregunta que resuena en el montaje y que interpela directamente a la mujer contemporánea y su lucha por las raíces en un mundo hiperconectado pero vacío de humanidades.
Una puesta en escena que es un lienzo en blanco
La escenografía de Pablo Chaves apuesta por un minimalismo de blanco purísimo. Una casa abierta al mar, rodeada de mástiles y el eco de las cabras de la isla, que sirve de espejo para que el espectador proyecte sus propios fantasmas. Con la voz de la mítica Julieta Serrano haciendo presente la memoria de la madre ausente, la obra se convierte en una experiencia sensorial donde el lenguaje de los clásicos (homéricos, chejovianos) aterriza en los problemas de hoy: la precariedad, el duelo y el miedo a no haber vivido lo suficiente.
Coordenadas de un viaje necesario
- Dónde: Nave 10, Matadero Madrid.
- Cuándo: Hasta el 8 de marzo (Funciones de martes a domingo, 19:30 h).
- Después: La obra emprenderá una gira nacional que tocará Zamora, Málaga, Murcia, Tenerife y más ciudades durante todo el 2026.
¿Estás preparado para enfrentarte a tus propios Lestrigones o prefieres seguir comiendo el loto del olvido? Ítaca te espera.




