Sombras de neón y chistes de vodevil: El accidentado regreso de Erik Larsen — Crítica de Spider-Man Noir (#1–#5)

Que haya 20 miniseries arácnidas al mes no es nada nuevo, pero lo que está haciendo Marvel con Spider-Man Noir empieza a rozar el cinismo editorial. Esta miniserie de cinco números, firmada por el veterano Erik Larsen y publicada entre finales de 2025 y este inicio de 2026, no nace de una urgencia por contar una gran historia detectivesca. Existe, única y exclusivamente, para farmear lectores y generar ruido ante el inminente estreno de la serie live-action protagonizada por Nicolas Cage en Prime Video. Y se nota.

El cine negro es, por definición, el arte de la sutileza, de lo que se intuye en las sombras. Pero Larsen, cofundador de Image y arquitecto de lo hiperbólico, no sabe lo que es la contención. El resultado es un choque de trenes fascinante pero fallido: una trama que intenta ser pulp pero termina pareciendo un episodio de dibujos animados del sábado por la mañana con gabardina.

Un detective con crisis de identidad y humor de chiste malo

La premisa nos devuelve a un Peter Parker en la miseria absoluta, desalojado y con la tía May enferma. Cuando Gwendolyn Stacy entra en su oficina para investigar el asesinato de su padre, el Capitán George Stacy, todo parece ir por el carril del género. Sin embargo, el guion comete un pecado capital: un latigazo tonal constante. Larsen nos vende a un antihéroe atormentado que, de repente, suelta chistes de vodevil dignos de un monólogo de bar barato. Ver a un icono del cine negro soltando ocurrencias mientras busca pistas en una morgue rompe la atmósfera en cada página; es como si Peter Parker estuviera audicionando para ser el compañero de fatigas de Deadpool en vez de un detective de la Gran Depresión.

El delirio se completa con una galería de villanos que parece una burla al género. Desde un hombre murciélago nazi que roba en la Feria Mundial hasta un líder fascista compuesto íntegramente por cucarachas. Larsen se regodea en un horror corporal grotesco que, aunque tiene su aquel en lo visual, dinamita cualquier pretensión de misterio serio. El caso del asesinato de Stacy acaba sepultado por una trama de «científicos locos» y cerebros en frascos que le resta toda la fuerza al aroma noir que prometía la portada.

Estética cumplidora para un guion de encargo

En el apartado visual, Andrea Broccardo hace lo que puede con el material de Larsen. Si bien su dibujo cumple con los estándares de Marvel, no llega a salvar los muebles de un conjunto que se siente prefabricado. Hay viñetas potentes, como el «Spider-Man impostor» atravesando la ventana de Gwen o el uso de sombras intensas, pero el arte carece de esa personalidad arrolladora que exigiría una obra que pretende ser referente. Es un dibujo funcional, de consumo rápido, diseñado para que el lector casual que llegue por la serie de televisión identifique el traje y poco más.

Lo más relevante de este arco —y lo que de verdad muerde— es el destino final de la Bat-familia… o mejor dicho, de la red arácnida. El giro que convierte a George Stacy en un «vampiro de energía» reanimado por nazis es tan ridículo como dramático. Lleva a Peter Parker a una situación límite: perder sus poderes y decidir guardar la máscara. El cierre de la serie, con Peter decidiendo ser solo un investigador privado sin telarañas, se siente como un intento de dar trascendencia a una historia que ha dado demasiados bandazos.

En definitiva, esta miniserie de Spider-Man Noir es un producto derivativo. No busca redefinir al personaje ni ofrecer una obra maestra del género negro; busca posicionar la marca antes de que Nicolas Cage se ponga la gabardina en pantalla. Entre chistes forzados, nazis de caricatura y una lógica que se desmorona en cada número, lo único que queda claro es que, una vez más, el marketing ha ganado la partida a la narrativa.

VEREDICTO: 🟡 PRESCINDIBLE

Un ejercicio de estilo vacío que falla en su tono y cuya única razón de ser es la sinergia corporativa. Si buscas cine negro de verdad, sigue buscando; si buscas calentar motores para la serie de Prime Video, esto es poco más que un aperitivo mal cocinado.