Tras el cierre de la era de Krakoa, muchos esperaban que el relanzamiento de Wolverine bajo el sello From the Ashes trajera algo de fuego nuevo, y el presente TPB, que recopila los primeros cinco números de la cabecera, nos sirve para reencontrarnos con el viejo Logan. Sin embargo, este primer volumen de Saladin Ahmed y Martín Cóccolo, In the Bones, se siente más como un trayecto largo en coche en el que el lector —copiloto involuntario— se echa una siesta y solo abre los ojos de vez en cuando para comprobar que el paisaje sigue siendo el mismo: nieve, garras y melancolía.
Un esquema que ya nos sabemos de memoria
La premisa nos devuelve al Logan más trillado: el ermitaño que intenta vivir en paz con una manada de lobos en los bosques de Canadá… hasta que el pasado decide llamar a su puerta de la forma más ruidosa posible. El “gancho” emocional del arco es la aparición de Leonard, un adolescente transformado en Wendigo.
Ahmed intenta reactivar aquí la faceta de mentor de Logan —ese rol de padre a la fuerza que tantas veces ha funcionado— estableciendo paralelismos evidentes entre la sed de sangre del chico y la naturaleza salvaje de Lobezno. El problema es que, aunque la dinámica con el chaval y el apoyo moral de Nightcrawler tienen momentos estimables, nunca alcanzan la chispa necesaria como para justificar otro relanzamiento en forma de volumen uno.
¿Hacia dónde vamos? (si es que vamos a alguna parte)
El componente de misterio lo aporta una entidad en la sombra que parece estar controlando y transformando a todos los portadores de adamantium, incluyendo a Cyber y Lady Deathstrike. Sobre el papel, la idea es potente: una especie de maldición metálica destinada, tarde o temprano, a devorar al propio Logan.
El problema es que este primer tomo no resuelve absolutamente nada. Ahmed deja migas de pan, pero el camino no parece conducir a ningún lugar que no hayamos visitado ya durante los últimos treinta años. La sensación de deriva narrativa es constante: todo funciona, todo está “bien”, pero nada empuja de verdad a pasar página con urgencia.
Un dibujo que cumple… pero no enamora
En el apartado visual, Cóccolo firma un trabajo profesional y sólido, pero seamos honestos: nadie va a comprar este tomo exclusivamente por su arte. El dibujo es eficaz en las escenas de acción —brutas, como debe ser— y captura bien la frialdad del entorno gracias al color de Bryan Valenza, pero le falta ese algo distintivo, ese sello autoral que convierta esta etapa en un referente visual dentro del larguísimo historial del personaje.
El viaje es cómodo, pero aburrido
Wolverine: In the Bones es el equivalente a un cover bien ejecutado de un hit noventero. Tiene todos los ingredientes reconocibles —el mentor reticente, el villano de adamantium, el bosque gélido—, pero carece de alma y, sobre todo, de dirección. Puede que al final del recorrido la historia de Ahmed cobre sentido, pero de momento puedes seguir echando cabezadas en el asiento del copiloto: Logan sigue conduciendo por la misma carretera de siempre.
VEREDICTO: 🟡 CORRECTA, PERO PRESCINDIBLE
Funciona, entretiene y no molesta… pero no aporta nada que justifique otro punto de partida para Lobezno.




