Todavía hay quien se frota los ojos al recordar la gala del año pasado. En un giro de guion que ni el mismísimo Hitchcock se habría atrevido a firmar, el sobre de Mejor Película no contenía un nombre, sino dos. ‘El 47’ y ‘La infiltrada’ compartieron el cabezón más codiciado, dejando una pregunta en el aire que hoy, a escasas horas de los Goya 2026, sigue palpitando: ¿Fue un exceso de talento o una falta de valentía académica?
El triunfo de la «épica de lo cotidiano» vs. el «thriller de las cloacas»
Por un lado, teníamos ‘El 47’. Marcel Barrena, tras pinchar un poco en el lagrimeo fácil con 100 metros, dio en la tecla de la madurez. La película es, en esencia, cine de denuncia con alma de barrio; una historia bonachona pero necesaria que funcionó como un reloj suizo. ¿Su gran baza? Un Eduard Fernández descomunal que convirtió el secuestro de un autobús en una gesta homérica. Era la candidata del corazón, la que reconciliaba a la Academia con el público que llena las salas.
Por el otro, ‘La infiltrada’. Arantxa Echevarría se alejó de la delicadeza de Carmen y Lola para meterse en un fango de tensión, paranoia y machismo estructural. No era solo una película sobre ETA; era un viaje somático al colapso de una mujer, encarnada por una Carolina Yuste eléctrica que sostenía planos que dolían. Era la candidata del cerebro, del riesgo técnico y de la relevancia política.
¿Por qué el empate?
El consenso crítico de aquel año fue unánime: ambas películas eran notables, pero ninguna era incontestable.
- ‘El 47’ pecaba de cierta rigidez audiovisual y costuras de producto mecánico.
- ‘La infiltrada’ dejaba tramas secundarias en el aire, pidiendo a gritos el formato miniserie para profundizar en su excelente reparto (con un Luis Tosar y un Diego Anido que daban auténtico pavor).
Al final, la Academia se vio atrapada en un callejón sin salida. ¿Premiamos la integridad moral y el éxito popular de Barrena o la maestría en el género y el pulso narrativo de Echevarría? Ante la duda, la salomónica decisión del ex aequo reveló una división interna: el sector más clásico votó por el autobús de Manolo Vital, mientras que el ala más joven y técnica se volcó con la soledad de Aranzazu Berradre.
¿Se repetirá la historia esta noche?
Estamos a las puertas de la alfombra roja de 2026 y el ambiente está eléctrico. La gran duda en las redacciones es si los académicos han aprendido a mojarse o si volveremos a vivir un divorcio de votos.
¿Podría suceder lo mismo entre la sensibilidad de ‘Maspalomas’ y el desgarro de ‘Siras’? ¿O quizás entre el minimalismo de ‘La cena’ y la fuerza de ‘Sorda’? Todas las quinielas y los premios previos (Feroz, CEC, Gaudí) apuntan a que este será el año del gran triunfo de ‘Los domingos’, barriendo en todas las categorías principales. Pero si algo nos enseñó el 2025, es que en los Goya, hasta que el sobre no se abre, el cine español siempre se guarda un as (o dos) bajo la manga.




